Daniel Baloup, La Reconquista. Un proyecto político entre la cristiandad y el islam.
Madrid, Epalsa, 2025. 256 p. ISBN 978-84-17703-17-2.
En los últimos años la historiografía ha mostrado una especial atención hacia un aspecto central de la realidad medieval hispánica: la expansión territorial de los poderes cristianos peninsulares frente a al-Andalus.
Dentro de estos debates ha ocupado un lugar destacado el análisis del concepto de reconquista, motivado por su capacidad para articular una narrativa identitaria sobre el pasado de España. El redimensionamiento de este ha respondido en buena medida a los intentos de instrumentalizar la historia dentro de discursos que oponen lo cristiano a lo islámico, en un contexto de creciente diversidad marcado por los flujos migratorios procedentes del Magreb y por la percepción del islamismo por parte de la sociedad europea como una amenaza a sus valores. También debido al desafío a la idea de España planteado por el nacionalismo catalán, con el referéndum de independencia de Cataluña del 1 de octubre de 2017 como momento central. De este conjunto de análisis tenemos una buena muestra —recogiendo el testigo de Abilio Barbero y Marcelo Vigil en Sobre los orígenes sociales de la Reconquista (Ariel, 1974)— en los trabajos de Martín Ríos Saloma La reconquista una construcción historiográfica (siglos XVI-XIX) (Marcial Pons, 2011) y La Reconquista en la historiografía contemporánea (Sílex Ediciones, 2013), de Francisco García Fitz La reconquista (Universidad de Granada, 2010) o en el editado por David Porrinas González ¡Reconquista! ¿Reconquista? (Desperta Ferro Ediciones, 2024).
Como otros debates historiográficos —la conquista de América o la Guerra Civil Española—, este ha desbordado el contexto académico hasta alcanzar el ámbito político y permear la esfera pública. En este caso, como en tantos otros, los debates historiográficos, lejos de permitir alcanzar consensos, han tendido a crear posiciones enfrentadas, una vez que la noción de reconquista ha dejado de ser un mero instrumento de análisis para alcanzar la condición de símbolo ideológico.
Una segunda línea de análisis, con una menor proyección mediática pero relevante y fructífera, ha buscado aproximarse a la propia naturaleza de la expansión territorial, al proceso de colonización, a los efectivos militares, a las estrategias de propaganda o a la noción de la guerra santa. Ello ha dado lugar en las últimas décadas a una abundante producción historiográfica protagonizada, en continuidad con la línea abierta por la obra de Derek W. Lomax The Reconquest of Spain (Longman Group Limited, 1978, trad. española Crítica, 1984), por figuras como Miguel Ángel Ladero Quesada, Pierre Guichard, Manuel González Jiménez, Manuel García Fernández, Carlos de Ayala Martínez, Martín Alvira Cabrer, Francisco García Fitz, Rafael G. Peinado Santaella, José Manuel Rodríguez García, Ángel Luis Molina Molina, Ana Echevarría Arsuaga, José Enrique López de Coca Castañer, Enric Guinot Rodríguez o Alexander Pierre Bronish, por solo citar algunos nombres.
En esta segunda línea cabe situar La Reconquista. Un proyecto político entre la cristiandad y elislam (Epalsa, 2025), traducción española de La Reconquête. Un projet politique entre chrétienté et Islam (Armand Colin, 2023) de Daniel Baloup, actual catedrático de Historia Medieval en la Université de Toulouse. Aunque la obra no obvia la polémica en torno al término —señala el autor que «ignorar los desafíos que conlleva una categoría o noción histórica genera evidentes riesgos de error a la hora de analizar e interpretar» (Baloup, 2025: 23)—, esta busca preferentemente una aproximación a las dinámicas históricas, ideológicas y sociales que confluyeron en la expansión de los reinos cristianos frente a al-Andalus. Con ello, Baloup pretende «comprender las necesidades y aspiraciones que se fueron manifestando, así como los entornos culturales gracias a los cuales fueron realizables y son inteligibles» (Baloup, 2025: 25).
El análisis queda articulado en torno a tres grandes bloques. El primer bloque, integrado por los capítulos 1. El comienzo de la expansión, 2. De Toledo a Sevilla y 3. De Sevilla a Granada, nos lleva del predominio islámico inicial a un cierto statu quo entre mediados del siglo XI e inicios del siglo XIII, roto a favor del predominio cristiano a partir de la primera mitad del Doscientos. La aproximación renuncia de forma consciente a articular metanarrativas sobre la expansión cristiana. Evita con ello entrar de lleno en cuestiones relevantes del debate actual, como las motivaciones iniciales de la resistencia astur o las percepciones interconfesionales, a favor de una perspectiva en la que predomina la historia fáctica, que permite al autor incidir, no obstante, en algunas claves que ayudan a entender el proceso de expansión cristiana.
Entre estas ideas se encuentra la necesidad de entender el enfrentamiento militar más allá de la dicotomía islam/cristianismo, donde junto a los condicionantes religiosos entran en juego los intereses económicos o políticos, lo que permite explicar aspectos como los vínculos matrimoniales establecidos entre las cortes cristianas e islámicas o el hecho de que el emirato nazarí de Granada contara con frecuencia entre sus aliados con la Corona de Aragón o con la república de Génova. La atención a los distintos focos de expansión cristiana, más allá de la imagen del foco asturiano. La difícil posición de al-Andalus, a merced del expansionismo de los reinos cristianos, pero también de los poderes islámicos del Magreb (almorávides, almohades). La relevancia que la expansión militar tiene para los reyes cristianos, especialmente los castellanos, en tanto que instrumento puesto al servicio de la consolidación monárquica. O la alternancia de la guerra y la paz ente los poderes cristianos e islámicos. En este sentido, la caracterización del conflicto como una suerte de Guerra Fría —«guerra tibia», como la denominaría don Juan Manuel en su Libro de los estados— daría forma a un conflicto discontinuo de baja intensidad, conceptualizado por Baloup como una «coexistencia armada» (Baloup, 2025: 140). Situación en la que prácticas como el pacto, la presencia de mercenarios actuando al servicio del enemigo confesional o el predominio ocasional de los intereses económicos y políticos sobre las motivaciones religiosas marcarían una realidad que se alejaba de la memoria idealizada de la cruzada construida por la propaganda cristiana en torno a victorias como las Navas de Tolosa (1212) o del Salado (1340).
El segundo bloque, integrado por el capítulo 4. Guerra Santa, Cruzada, Reconquista, permite un acercamiento a la legitimación de la expansión: la ideología reconquistadora, en la que se amalgamarían argumentos históricos y religiosos. Esta dimensión es abordada por Baloup en una mirada de larga duración que le hace retrotraerse al surgimiento de la noción de guerra santa en el cristianismo. En la articulación de esta noción, como pone de relieve el autor, desempeña un papel fundamental la aparición del modelo pontificio de guerra santa, que va tomando forma entre mediados del siglo IX y finales del siglo XI, en cuya definición la idea de retribución espiritual se presenta como clave. A este paradigma, señala Baloup, habría que añadir los modelos de sacralidad de la guerra estrechamente vinculados con la institución monárquica en torno a la ideología visigotista, proyectada por el ciclo cronístico de Alfonso III de Asturias (866-910) a fines del siglo IX.
El planteamiento de Baloup permite incidir tanto en los procesos de negociación a los que la idea pontificia de la cruzada se vio sometida en la Península —abordados a partir de la figura del arzobispo de Santiago Diego Gelmírez y de la Chronica Adefonsi imperatoris— como especialmente en el papel que la ideología reconquistadora tendría como puntal de la ideología regia en Castilla, en tanto que instrumento para la construcción del liderazgo militar pero también religioso de la realeza. Ello perfilaría a fines de la Edad Media la cruzada peninsular como «una cruzada particular, un proyecto dinástico» de los monarcas castellanos, en el marco de una «patrimonialización de la Reconquista por parte de los reyes de Castilla» (Baloup, 2025: 180).
Finalmente, el tercer bloque, articulado en torno al capítulo 5. Las formas de la coexistencia y a la conclusión La expulsión de las minorías religiosas: ¿el punto final?, ofrece una aproximación que muestra la capacidad de las sociedades cristianas conquistadoras de imponer el pragmatismo, quizá facilitado, como llama la atención el autor, por la idea religiosa que aconsejaba mantener en el territorio a los infieles con la esperanza de una futura conversión y por la noción de integración diferenciada de las comunidades en el cuerpo social, que Baloup considera como una idea de matriz imperial (Baloup, 2025: 227-229).
Este avance cristiano, como refleja la obra, vino apoyado por una intensa colonización, que transformó profundamente las antiguas sociedades andalusíes, una vez desarticuladas y desplazadas, con la revuelta mudéjar de 1264 y la de las Alpujarras de 1499-1501 como hitos principales. Igualmente se presentaría como fundamental la configuración de una sociedad de frontera, caracterizada por su militarización pero también como apunta el autor por la creación de ámbitos particulares de negociación, de figuras fronterizas singulares, como el cautivo o el converso, de formas económicas distintivas, marcadas por la captura del botín, de tiempos propios, como el de la tregua, y de instituciones características de arbitraje, como el juez de frontera o los fieles del rastro.
En su conjunto, la obra ofrece una buena síntesis que ayuda a entender la configuración social, política y económica de la península ibérica en la Edad Media y la capacidad de las poblaciones cristianas para conquistar y organizar el espacio. También para establecer relaciones con las poblaciones conquistadas en torno a un proyecto político y militar que buscaría un equilibrio entre «la integración y la subordinación de las poblaciones musulmanas» (Baloup, 2025: 229). Un proyecto que marcó no solo algunos aspectos de la realidad medieval y moderna peninsular, sino también el proceso de conquista americano y la relación de los castellanos con las poblaciones indígenas, negras y mestizas en América, así como la percepción contemporánea de España y lo español desde el punto de vista identitario.
