Paloma BRAVO, Philippe GUÉRIN, Nathalie PEYREBONNE (dir.), Quand l’esprit vient à manquer : la bêtise. France, Italie, Espagne,

Paloma BRAVO, Philippe GUÉRIN, Nathalie PEYREBONNE (dir.), Quand l’esprit vient à manquer : la bêtise. France, Italie, Espagne,

Presses de la Sorbonne Nouvelle, 2024, 328 pages. EAN 9782379061134

Un tonto es alguien que va por ahí sin bastón, in-baculum, desarmado, que es lo que somos todos en un momento dado. La universalidad del tema ha despertado sin duda el interés de muchos autores a la hora de retratar a sus personajes… … La necedad es una fértil fuente de inspiración para la literatura. España puede reivindicar una figura central, o más bien una pareja tutelar, que impregna el volumen: Don Quijote y Sancho Panza. A través de sus interacciones, los dos héroes revelan la compleja interacción entre el genio, la locura y la estupidez. ¿Quién, del amo o del criado, es más necio? ¿El que carece de razón a pesar, o más bien a causa, de su cultura, o el que combina la ignorancia y los prejuicios con un robusto sentido común? Como escribe Augustin Redondo, « Le chevalier et son écuyer constituent deux oxymores vivants, un fou-sage d’un côté et un sot-sensé de l’autre » (p. 61). Los límites de la estupidez son, en efecto, fluidos y ambiguos, y las sutilezas del Quijote de Cervantes recorren todo el volumen como un hilo rojo, portador de una reflexión sobre la estupidez como sabiduría o locura, como sobreabundancia o falta de imaginación.

Bajo la égida de esta pareja tutelar se encuentra una galería de personajes que abren una reflexión sobre la estupidez y el propio hecho literario, así como sobre la relación entre el autor y el lector. La estupidez, como herramienta de diferenciación, nos aleja del otro, de quien deseamos distanciarnos para afirmar mejor nuestra pertenencia al campo de la razón. De hecho, la estupidez sólo existe en relación con una norma de la razón, que a su vez es variable, y sobre la que hay que llegar a un consenso para definir los límites de la sabiduría.

Quand l’esprit vient à manquer1 ambiciona poner de manifiesto lo que tienen en común las tres áreas lingüísticas de Francia, Italia y España, así como lo irreductible entre las diferentes aprehensiones de la estupidez, en un arco que va desde la Edad Media hasta nuestros días. Un vasto programa, dada la naturaleza polifacética del término

Bêtises (tonterías), en plural, se refiere a acciones causadas por falta de atención o accidente, pero en singular, y precedido del artículo definido, el sustantivo se refiere a un defecto, una falta de inteligencia, que se critica en los demás. Se trata aquí de definir el concepto de estupidez y sus avatares. No es una cuestión sencilla, como lo escribe Nathalie Peyrebonne, « c’est une notion qui doit être redéfinie à chaque changement de perspective, qu’elle soit géographique, temporelle, sociale ou autre » (p. 8). Y las perspectivas metodológicas adoptadas en este volumen, colocadas bajo el signo del diálogo, son múltiples: filosofía, literatura, historia, iconografía, lingüística.

La convergencia de estos variados enfoques da coherencia a este volumen, que se centra principalmente en el periodo moderno, reflejando sin duda los campos de especialización de los tres editores. Dos artículos sobre literatura medieval y dos sobre la Italia contemporánea completan este panorama tricultural. Aunque ya se han publicado varias obras sobre el tema de la estupidez, existe una fuerte inclinación hacia los siglos XIX y XX (recordemos el excelente volumen de 2011 dedicado a la cuestión, Bêtise et idiotie, editado por Marie Dollé y Nicole Jacques-Lefèvre), periodos que se prestan especialmente bien a este ángulo de ataque, con la obra de Flaubert, el ideal de educar a las masas y el sueño científico de la racionalidad.

Se trata de un campo rico pero poco conocido que se inspecciona a la luz de la estupidez, en todas sus facetas, y que abre un fértil campo de análisis, abordando varios pares conceptuales dicotómicos: alma y cuerpo, razón y sensación, certeza y duda, humanidad y animalidad… A pesar de su diversidad, los artículos responden unos a otros en efecto: Nos encontramos y volvemos a encontrarnos con la cuestión de la metáfora animal, el uso de la sátira burlona para señalar la estupidez, la inversión de valores, con la estupidez sabia, o el uso de la estupidez como herramienta de connivencia entre autor y lector, unidos por un rechazo común de este defecto.

El reto del libro aquí presentado consiste precisamente en reunir tantas facetas diferentes del tema sin dispersarse demasiado en esta obra colectiva multicultural. Además de una breve introducción de Nathalie Peyrebonne, el libro contiene una apertura filosófica, cinco secciones de tamaño similar (« Les mots de la bêtise », « La bêtise en images », « Bêtise ou intelligence », « Lorsque l’amour rend bête » y, por último, « La bêtise et la grâce ») y una conclusión muy pertinente de Philippe Guérin. Los cinco temas elegidos son coherentes. Se hacen eco mutuamente, tanto por los temas como por el corpus abordado. Se suceden en un crescendo, desde la designación del término hasta la inversión de la sacralidad de la dichosa ignorancia, pasando por el estudio de las representaciones gráficas de la estupidez y del amor como causa de la estupidez. La inversión también estuvo presente en la sección dedicada a las paradojas dialécticas que unen estupidez e inteligencia, en tres artículos que convergen en torno al estudio de un héroe a quien se tomó por un tonto: Uno aborda el caso de la literatura sapiencial medieval (siglos XIII-XIV), el segundo la figura de un rey necio que resulta ser bastante inteligente en realidad y, por último, el tercero examina la estupidez como estrategia, cuando uno pretende hacerse pasar por necio.

Roland Breeur abre el volumen como especialista ya que publicó en 2018 con Garnier una obra dedicada a la estupidez. En su artículo inaugural, « Entre délire et désir: quelques réflexions sur la bêtise chez Malebranche et Spinoza », muestra la amplitud de lo que abarca la proteica estupidez, cuyas facetas articulan este volumen. El autor sienta las bases de la reflexión identificando los núcleos problemáticos en el corazón del concepto de estupidez: para ello, analiza dos formas opuestas de estupidez; una, en Malebranche, es « un resserrement de l’âme, [et l’autre, chez] Spinoza, renvoie plutôt à un mouvement inverse, [et] l’âme répand des généralisations issues de l’imaginaire » (p. 22). Estos son los transversales o universales que Spinoza critica como fuentes de confusión y tópicos. A partir de estas dos concepciones opuestas, Roland Breeur identifica dos visiones de la estupidez, delirio o deseo, exceso de cerrazón o de apertura. Esta obra introductoria confronta inmediatamente al lector con las dificultades provocadas por la definición demasiado estrecha de la estupidez en el lenguaje corriente.

Por otro lado, esta lengua cuenta con una gran riqueza de expresiones pintorescas para describir la estupidez, un claro indicio de la riqueza y complejidad del tema. En « Les mots de la bêtise (latin et langues romanes) », Marta López Izquierdo examina la semántica del léxico romance asociado al término latino bestia y explora las metáforas conceptuales utilizadas en el lenguaje ordinario para describir la estupidez. Plantea la productividad de las metáforas animales: en la estupidez está la bestia, la propia definición de humanidad descansa en la necesidad de gobernar lo animal que hay en nosotros. Vemos la importancia de un campo metafórico que atraviesa áreas lingüísticas y épocas, y que la autora pide que se siga estudiando.

Augustin Redondo (« La figure du necio (sot) : représentations, jeu de miroirs et de réversibilité à travers quelques textes espagnols des XVIe et XVIIe siècles ») ofrece un estudio magistral basado en un amplio abanico de fuentes. El autor comienza evocando una red léxicográfica en torno al término necio, basada en diccionarios modernos y otras fuentes. A continuación, pone de relieve el modo en que el idiota representa un anticortesano, y explora sus avatares con referencias a los más grandes autores (Castiglione, Quevedo, Gracián, Lope de Vega, Cervantes, etc.), revelando el perdurable interés de la literatura del Siglo de Oro por el tema. El autor acerca la idiotez a la locura estudiando su relación con su antónimo discreto, sabio.

El Péndulo de Foucault ofrece algunas páginas fundamentales sobre el cretino, el imbécil y el loco. Nicolas Bonnet las analiza en « Typologie de la bêtise dans le Pendule de Foucauld, d’Umberto Eco », y se centra en particular en el personaje de Bulbo y su ceguera, que le sume en el error. El genio creador es una forma de rechazo de la realidad que puede rayar en la estupidez, lo que subraya la importancia del concepto en la distinción entre genio y locura.

El volumen dedica una sección a las imágenes de la estupidez, generalmente dirigidas a la crítica, la risa burlona y el desprecio. Para representar visualmente la falta de inteligencia, se recurre abundantemente a figuras de animales; el asno, en particular, ocupa un lugar central en esta iconografía. Pierre Civil se ocupa de ello en un artículo de iconografía centrado en las obras satíricas, y en particular en las de Goya: « La bêtise en images: variation sur quelques âneries dans l’Espagne de la période moderne (XVIe XIXe siècle) ».

Si lo grotesco es la herramienta de Goya para denunciar los defectos humanos, el cine explota vetas similares. En las comedias no faltan idiotas dispuestos a generar carcajadas. Anne Boulé-Basuyau analiza el personaje del actor Checco Zalone, cuyo nombre significa «qué imbécil» en el dialecto de Apulia. Esta sátira ataca cierta idea de la italianidad, y la autora ofrece un análisis muy pertinente de la dicotomía entre el éxito popular de esta comedia y la feroz polémica que suscitó.

Con «Autour du necio dans la prose sapientale castillane, des XIIIe et XIVe siècles: des Bocados de oro au Libro del caballero Zifar», Olivier Biaggini presenta dos casos muy distintos. Para don Juan Manuel, el idiota es un repelente político, un ser inadecuado para las relaciones sociales y educativas. El Libro del caballero Zifar, en cambio, presenta un personaje sutil y complejo, el ribaldo, a la vez simple e ingenioso, cuyo pragmatismo irreverente sugiere que es un antepasado de Sancho Panza. En esta ficción, la estupidez es también un recurso narrativo, un disfraz que el héroe se pone para desplegar mejor su astucia.

En «La figure du roi dans La Campana de Aragón de Lope de Vega» (La figura del rey en La Campana de Aragón de Lope de Vega), encontramos un complejo personaje de idiota lleno de razón en Ramiro, joven monje y luego rey, que sabe parecer estúpido para conseguir mejor sus fines. Kassandre Aslot destaca cómo Lope de Vega ofrece un exemplum sobre la figura del buen monarca con la afirmación de la simplicitas cristiana. Este elogio de la humildad es indicativo de una actitud que revaloriza ciertas formas de estupidez, como virtud, en particular rectitud y honradez.

En el teatro, una comedia de intención doctrinal del siglo XVII encarna la estupidez en dos personajes: el príncipe usurpado y el simplón (« La bêtise: topos et stratégie dans Los primeros mártires del Japón (1621?) »). Florence Dumora destaca el modo en que su encuentro permite identificar una definición de la estupidez vinculada a un discurso humanista sobre las facultades de la mente.

El indispensable capítulo dedicado al poder mortífero del amor se abre con un artículo de Philippe Guérin, « Quand l’amour rend bête : aperçu sur la passion et ses ravages dans la littérature italienne du Moyen Âge ». Nos complace que el artículo se abra con dos objetos con representaciones vinculadas al Lai de Aristóteles, en el que el filósofo es humillado por la amante de Alejandro. Este aguamanil y esta caja tallada, ambos del siglo XIV, dan testimonio de la fuerza humorística de este tema y de su presencia en la vida cotidiana, sin que el contenido moralizante sea realmente prioritario… ¡Qué alegría ver al filósofo reducido a las debilidades de la condición humana! La seducción femenina y los excesos de la pasión como fuentes de la pérdida de la razón tienen una gran fertilidad en el ámbito literario. El estudio también rinde homenaje a Boccaccio, a través de una obra mucho menos conocida que su Decamerón, la Elegía de Madonna Fiametta. Ésta puede compararse a una figura clave de la estupidez femenina, Emma Bovary. Según Philippe Guérin, esta elegía permite afirmar que la estupidez encarna una «coacción liberadora», que emancipa en particular de los límites impuestos por la moral, lo que libera también a la pluma, empeñada en hacer reír y excitar al lector.

Esta vena picante se explora más a fondo en el siguiente artículo, «Homme bête, homme, bête, imbécil, animalité et sexualité, dans les nouvelles italiennes de la Renaissance»: Victoria Rimbert examina episodios de seducción de una mujer por un hombre «estúpido pero apreciado por sus cualidades anatómicas» (p. 229). Tal inversión de la jerarquía de los sexos tiene un fuerte potencial cómico, en el que la animalización de los amantes sirve para denunciar tanto los excesos de la libido femenina como los males de su ascendiente sobre los hombres.

La última sección del libro se centra en la dimensión religiosa, ya mencionada en particular a propósito de la comedia de Lope de Vega La Campana de Aragón. En efecto, el sistema de inversión de valores caro a la fe cristiana valorizará, incluso santificará, una estupidez sinónimo de ingenuidad y de humildad. En « Du saut au saint : quelques cas de sainte bêtise, dans la littérature spirituelle du XVIe siècle, en Espagne », Pauline Renou-Caron examina la literatura espiritual de la España del siglo XVI, centrándose en la figura del hermano lego. Este artículo arroja una luz diferente y muy valiosa sobre la estupidez, como santa simplicidad, locura penitencial o docta ignorancia. El estudio del corpus de notas biográficas del jerónimo José de Siguënza se completa con un contrapunto que revela la dimensión pecaminosa de la estupidez en la obra del pintor Jérôme Bosch.

El último artículo, «María Zambrano, Ramón Gaya y El Niño de Vallecas de Velázquez. La gracia del idiota». Camille Lacau St Guily cruza las interpretaciones del retrato de un idiota por dos amigos, uno filósofo, el otro pintor. Como en el artículo anterior, es muy apreciado el análisis de este último sobre el valor laudatorio concedido a la estupidez, aquí objeto de contemplación que conduce a una elevación interior, a una «epifanía como rostro» (Emmanuel Lévinas).

El ensayo final de Philippe Guérin reúne muchas de las cuestiones planteadas en este volumen, abriendo la puerta a «la oportunidad que nos ofrece la estupidez, como clave para descubrir quiénes somos» (p. 308). Hay estupideces necesarias, fructíferas y útiles. En resumen, tomando prestado del título de Maurizio Ferraris (2016), « l’imbécilité est une chose sérieuse ».

Notes

  • 1Remitimos aquí a la reseña de este mismo libro que hemos redactado en francés para Acta Fabula; https://www.fabula.org/revue/document19701.php