Introducción

Introducción

La capacidad de asombro es una de las peculiaridades de los humanos frente a otras especies. A lo largo de la historia, cuando las necesidades básicas para la supervivencia estaban aseguradas, el ingenio humano no solo ideó objetos “útiles”, también diseñó aparatos o artilugios carentes de funcionalidad práctica que tenían otra misión: generar placer a partir de la sorpresa o estupefacción al ser contemplados o manipulados.

Los ensayos reunidos en este monográfico se ocupan, de una parte, de la presencia de autómatas y otros artefactos en la puesta en escena en la ciudad durante la celebración de diversos eventos festivos. A tal fin, se emplearon extraordinarios recursos materiales y sensoriales en los que el ingenio y el artificio retaban a la propia naturaleza. La excitación sensorial y emocional que provocaba en los participantes la contemplación de tales prodigios contribuía a fortalecer la adhesión a los poderes político y religioso. Otros artificios mecánicos se disfrutaron en un ámbito más íntimo o privado, de ello tratan varias de las aportaciones presentadas en este volumen. En salones, gabinetes, cámaras o jardines palaciegos no faltaron autómatas y objetos mecánicos que fueron, al mismo tiempo, elementos de ostentación. En ambos casos, desde un espacio público o privado, se trataba de provocar la fascinación y el deleite ante lo prodigioso.

Baltasar Gracián atribuía tres cualidades a un prodigio: “ingenio fecundo, juicio profundo y gusto relevantemente jocundo” (Oráculo manual y arte de prudencia, 1647). Los artefactos empleados en los fastos y espectáculos públicos, así como los diseñados para espacios privados, reunían esas tres características al provocar el asombro y la maravilla. Una reflexión de índole teórico-conceptual en torno a la consideración de lo prodigioso en la cultura occidental de los siglos de la Edad Moderna, es llevada a cabo por Carmen González-Román en “Contre l´ordre de nature. El tiempo de los prodigios”. En su aportación abarca, desde una perspectiva teórica, las principales líneas temáticas contenidas en este monográfico, esto es, la cosmovisión mecanicista y escenográfica de la primera modernidad; la presencia de autómatas y máquinas prodigiosas como artefactos que representan el encuentro entre la ciencia y el juego; y la dimensión escenográfica de la urbe, la ciudad como prodigio.

Aunque el término prodigio abarca un campo semántico amplio, en este número monográfico se pone el foco en los dispositivos y artefactos que forman parte de la cultura festiva y escenográfica occidental, principalmente de los siglos de la Edad Moderna. Se explora el prodigio como artilugio sorprendente que, más allá de lo meramente decorativo, actua de catalizador simbólico y estético en espectáculos de diversa índole que tuvieron como escenario la ciudad. En este sentido, Juan Salvador Sanabria, analiza el arco efímero flamenco para la entrada de Felipe III en Lisboa, destacando el prodigio como motor estético en el arte efímero mediante el uso de la tecnología autómata y el movimiento escénico. La hipótesis virtual que aporta en su investigación, no solo revive el monumento, sino que prolonga su efecto prodigioso en lo digital, donde lo efímero cobra nueva vida y activa la memoria mediante una experiencia inmersiva. En otras ocasiones, con motivo de las juras y entradas regias, también se ponía de relieve el urbanismo de las ciudades de la monarquía española, puesto que rey y ciudad organizaban un recorrido por las principales vías y plazas. Estos espacios urbanos disimulaban en muchas ocasiones sus defectos adornando las fachadas de sus palacios, casas y edificios religiosos con materiales efímeros económicos como cartones, tarjetones y telones. Los huecos entre edificios se cubrían también con grandes lienzos pintados en perspectiva o ricamente decorados que conseguían crear la ilusión de unidad y continuidad en el frente callejero. El resultado, como analiza con detalle Inmaculada Rodríguez Moya en el artículo denominado “Esconder la pobreza tras lo telones: los adornos de los cabildos municipales en las juras y entradas reales de la monarquía española, s. XVIII-XIX”, daba lugar a una imagen urbana que, lejos de la visualización ordinaria, generaba la sensación de una ciudad nueva, un verdadero -aunque efímero- prodigio.

El prodigio también estaba presente en la configuración de fiestas religiosas de carácter piadoso y popular, como la procesión eucarística que se celebró en Sevilla en 1594, descrita con detalle en el manuscrito de Reyes Messía de la Cerda, Discursos festivos… El extraordinario ejemplar, analizado por Jose Jaime García Bernal y Francisco Ollero Lobato detalla donde se adornan de manera extraordinaria casas y calles conforme a diversos ornatos, con especial cuidado en la conformación y tratamiento de las imágenes sacras. A través de una inventiva extraordinaria, se explica en el manuscrito el movimiento material de muchas de las piezas y figuras que componen las escenas y, de manera particular, las mutaciones que se producen durante la procesión al término de la función festiva. Todas estas invenciones provocaron la curiosidad, el asombro o incluso el espanto ante la aproximación a las leyes propias de un suceso sobrenatural. Se encuadra así la puesta en escena de esta celebración en la otra acepción principal del prodigio como sinónimo de “milagro”.

Los prodigios, no referidos a lo milagroso o inexplicable, sino vinculados al asombro planificado, operaban como recursos de propaganda para proyectar la imagen de lo culto, lo exquisito, lo armonioso y lo civilizado. Concepción Lopezosa Aparico en “Las pinturas de Antonio Joli como artificio y Aranjuez como prodigio. Escenografías al servicio del poder”, establece la interrelación que se logró entre prodigios y fastos en la cultura cortesana de la Edad Moderna, lo cual favoreció el desarrollo de una estrategia discursiva para la exhibición del poder, tanto mediante la manipulación de fenómenos extraordinarios, como a través de la creación de eventos sorprendentemente intencionados. Su estudio propone una relectura de las obras del pintor Antonio Joli, entendidas como una manifestación de lo extraordinario al servicio de la propaganda cortesana y de la construcción de la experiencia estética del poder. El repertorio visual elaborado por Joli, cuidadosamente diseñado, contribuyó a consolidar a Aranjuez como un escenario prodigioso, no en un sentido sobrenatural, sino como una representación tangible de la magnificencia.

Entre los artificios generadores de asombro, consideramos en este monográfico otros objetos creados para los espacios de la intimidad en el entorno palaciego, como instrumentos musicales, autómatas y objetos mecánicos de diversa índole. Cristina Bordas Ibáñez al analizar los tratados de instrumentos musicales de los siglos XVII y XVIII, no solo los pone en relación con el pensamiento ciéntifico de cada época sino que orienta el análisis de dichos instrumentos hacia su consideración de máquinas, productos del “ingenio humano”, experimentos que se vinculan con la ciencia y las cuestiones básicas de la acústica. En este sentido aborda, entre otros tratadistas, la aportación de Salomon de Caus (1615), un adelantado a su época en cuestiones de instrumentos mecánicos al proponer temas que tienen que ver con la música mecánica, como la construcción de autómatas sonoros y cilindros de música, o también sobre sobre fuentes y autómatas movidos por el agua, sin duda, auténticos prodigios. De las características de un objeto mecánico relacionado con la rutina cotidiana de embellecimiento de una reina se ocupa Carmen Abad Zardoya en “La Perspectiva más vistosa que la naturaleza vio”. Un prodigioso tocador mecánico para María Luisa de Parma”. Un proyecto inédito de tocador con autómatas diseñado por un controvertido relojero sevillano y un cabinet-tocador realizado por la firma Seddon, Sons & Shackleton, son los puntos de apoyo de una reflexión sobre la agencia material de los objetos personalizados y automatizados en la construcción de la imagen de las élites.

Por último, considerando la pervivencia y/o nuevas connotaciones del concepto de prodigio en la sociedad actual, en tanto generador de asombro o como herramienta de persuasión, se incluyen dos estudios sobre el uso de artefactos mecánicos y productos digitales en la generación de entornos escenográficos. Una necesaria reflexión sobre las posibilidades y límites metodológicos, conceptuales y éticos del uso de las técnicas digitales, incluida la Inteligencia Artificial (IA), para el estudio de la cultura festiva y escenográfica de la Edad Moderna es llevada a cabo por María del Carmen Conejo Arrabal en “Prodigios algorítmicos: Reflexiones en torno al uso de la IA y otros procedimientos digitales para el estudio de los fastos del pasado”. Partiendo de la celebración nupcial de Cosme II de Medici y María Magdalena de Austria en Florencia (1608), la autora presenta varios estudios de caso con el objetivo de recuperar los aspectos performativos, multisensoriales y emocionales a través de métodos digitales.

Cierra este volumen la aportación de Eugenia Maldonado García, “Prodigios en la pasarela: Del significado “tradicional” a los desfiles inmersivos”, donde parte del análisis de la evolución del significado de prodigio, revisando la cultura escenográfica del Renacimiento y del Barroco, para llegar a la definición de la pasarela de moda como prodigio en la actualidad. De este modo, analiza el uso de las tecnologías en la moda del nuevo milenio como construcción ideológica y simbólica, pero también como recurso para generar asombro mediante estímulos sensoriales y afectivos.